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Historia de Suesca

Suesca existía mucho antes de la escalada: fue un pueblo muisca del cacicazgo de Guatavita, después una doctrina colonial con iglesia de 1601, y en el siglo XX el paso de dos ferrocarriles. Esta página reúne esa historia con las fuentes que la documentan, incluidas las partes que todavía nadie ha podido documentar.

La roca: una playa del Cretácico, puesta de pie

El farallón es arenisca: granos de cuarzo pegados con cemento silíceo, en bancos de medio metro a tres metros de espesor. Pertenece al Grupo Guadalupe, que en la zona se divide en cuatro formaciones: Arenisca Dura, Plaeners, Arenisca de Labor y Arenisca Tierna. Todo eso fue arena de playas y plataformas de un mar poco profundo del Cretácico, depositada hace unos 65 a 100 millones de años (alguna guía antigua dice 110).

Después la cordillera hizo lo suyo: los estratos se plegaron en el anticlinal de Suesca, cortado por la falla inversa de Nemocón, y el río Bogotá fue erosionando el flanco oriental hasta dejar al aire la banda dura de arenisca. El resultado son paredes de hasta unos 150 metros, con las fisuras, diedros y repisas que hoy se escalan.

La Roca de las Aves

El nombre viene del muisca: sue, ave, y hyca, roca. Roca de las Aves. En los documentos viejos aparece también como Sueica o Suesuca, y los cronistas no siempre estuvieron de acuerdo: Joaquín Acosta recogió de Fray Pedro Simón otra derivación, «cola de guacamaya». Quedan las dos anotadas.

Antes de la conquista, Suesca era una uta, un poblado, del cacicazgo de Guatavita, en el Zipazgo muisca. La vereda Cacicazgo, a la entrada de las Rocas, guarda el nombre de la casa del cacique. En la vereda Güita quedan pictogramas pintados en negro y en rojo sobre los bloques: están entre los más extensos de Cundinamarca y también entre los más vandalizados. Cerca del límite con Nemocón hay un mural policromo, rojo y amarillo, documentado por el investigador Diego Martínez Celis. Si ese arte lo pintaron los muiscas o pueblos anteriores es un debate académico abierto; aquí lo contamos como lo que es con seguridad: arte ancestral de este territorio.

A unos kilómetros está la Laguna de Suesca, compartida con Cucunubá. Es de origen tectónico y se alimenta solo de lluvia. Para los muiscas era un lago sagrado, con adoratorio, de la misma familia de Guatavita, Tota o Iguaque. Su historia reciente es más triste: en 2020 se encendieron las alarmas porque el espejo de agua se estaba secando, y el 1 de marzo de 2021 la Gobernación de Cundinamarca, la CAR y las alcaldías de Suesca y Cucunubá acordaron un plan de rescate. Un informe posterior de la Gobernación habla de una recuperación parcial, con cerca de 1,5 m de profundidad. No encontramos un reporte de su estado en 2025 o 2026.

La Virgen de la repisa: la pregunta sin respuesta

Quien haya caminado la carrilera la ha visto: sobre una repisa, por encima del techo que se escala en artificial, hay una estatua de la Virgen. La zona lleva su nombre, Zona de la Virgen, y la guía de escalada la describe en una frase: sobre el techo «está una estatua de la Virgen que le da nombre a esta zona».

Quién la subió, cuándo y por qué: ninguna fuente lo dice. Lo buscamos en las guías, en COLPARQUES, en la página de la alcaldía, en la prensa de viajes. Nada. Circulan versiones de boca en boca, y hasta un blog de 2012 afirma sin fuente que el sitio fue un lugar de sacrificios muiscas: eso, por ahora, es leyenda.

Si tu familia o tu parche guarda la historia de verdad, escríbenos a [email protected]. La publicamos aquí, con el nombre de quien la cuente.

Los dos trenes

Por Suesca pasaron dos ferrocarriles, y se confunden todo el tiempo. El de las Rocas es el del Nordeste: su construcción empezó en 1925, a cargo de la Société Nationale de Chemins de Fer, belga; llegó a Tunja y Sogamoso en 1931, y en 1938 la Nación lo compró y lo extendió hasta Paz de Río. La estación de Suesca es el kilómetro 74 de esa línea. Hoy el corredor Bogotá–Belencito sigue vivo como vía de carga, uno de los tres corredores férreos en operación en Colombia, cargado sobre todo de cemento, y la ANI anunció su modernización. Por eso la advertencia eterna de la carrilera: el tren pasa.

El otro es el Ferrocarril del Norte: Bogotá–Zipaquirá desde 1889 y el ramal a Nemocón de 1906-07. De ese quedan, en tierra de Suesca, las estaciones rurales de La Laguna y El Crucero, hoy en ruinas. Las estaciones férreas del país son patrimonio cultural desde el Decreto 746 de 1996. Y una aclaración que hace falta: el tren turístico de la Sabana va de Bogotá a Zipaquirá por el ramal del Norte. No pasa por Suesca.

El pueblo y su iglesia

Gonzalo Jiménez de Quesada llegó al poblado indígena el 14 de marzo de 1537, y ese día Fray Domingo de las Casas celebró la primera misa. En 1565 el pueblo se mudó a su sitio actual, huyendo de las inundaciones del río, y el 2 de agosto de 1600 el oidor Luis Enríquez fundó formalmente el pueblo de indios.

La iglesia doctrinera de Nuestra Señora del Rosario la levantaron los dominicos: la capilla data de 1601 y es de las pocas de Cundinamarca que conservan su traza colonial. La Virgen del Rosario es patrona del pueblo desde el 7 de octubre de 1665; la torre actual es de 1834, y el templo es patrimonio nacional desde el Decreto 1897 de 1993. Las fechas grandes del pueblo son dos: la fiesta patronal, cada 7 de octubre, y la Semana Cultural «Roca de las Aves», alrededor del 14 de marzo, el aniversario.

La economía de hoy se reparte entre los cultivos de flores de la vega del río, el ganado de leche de las partes altas, la papa, el maíz y las hortalizas, algo de carbón y de arcilla para ladrillo, una cementera, y los visitantes que llegan por las Rocas, en bicicleta o a pie.

La historia de la escalada misma, de Kraus a la primera deportiva de 1984, está contada en Las Rocas y en la Guía práctica.

Fuentes: Alcaldía de Suesca, Gobernación de Cundinamarca, Banco de la República, COLPARQUES, Turistren y las guías de escalada de Suesca. Lo que ninguna fuente confirma va marcado como tal en el texto.